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CREATIVIDAD

Weirdness as a superpower!

La ventaja de pensar raro; los que rompen las reglas de su industria se quedan con las oportunidades grandes.

Bernardo Torres · · 4 min

Las últimas semanas me estoy involucrando más en una cervecera independiente de la que soy socio: Nómada. Es una industria que le urge un sacudidón y eso me llevó a leer a Jim Koch, el fundador de Boston Beer, Samuel Adams. La primer máxima en la que me quedé dando vueltas es: la regla general la entiende todo el mundo, y por eso, es la regla general.

Suena obvio, pero es una trampa. Creemos que la regla es la regla porque funciona, pero no siempre es así. A veces la regla es la regla porque es cómoda, porque es compartida, porque nadie tiene que defenderla.

Si todos en tu industria leen los mismos reportes, miran a los mismos competidores y llegan a las mismas tres conclusiones, lo que produces no es estrategia. Es consenso con tu logo. Y el consenso, en el mejor de los casos, te entrega el resultado promedio, y el promedio nunca mueve una categoría.

Por eso quiero luchar en favor de algo que casi todos tratan como defecto: lo raro.

El outlier, el que piensa distinto, el que no encaja del todo en el molde de su industria, no es el que se equivocó de camino, es el único que todavía no se deja agarrar por las certezas y reglas acumuladas de los demás. Ve el mismo mercado que tú, pero no con los mismos ojos, y esa rareza, esa incomodidad de no pertenecer, es exactamente lo que le deja ver lo que el resto ya no ve.

De ahí sale el consejo más subestimado del mundo de los negocios: no hagas lo que hacen todos. No te dejes atrapar por lo que la industria jura que “se tiene que hacer así”. Ve por tu propio camino. Un negocio nuevo no se construye repitiendo un enfoque viejo con más presupuesto, se construye con ojos nuevos.

La ignorancia, bien usada, es un activo, el experto sabe demasiado. Sabe por qué cada idea fuera de la norma ya fracasó antes, dónde están los muros, qué es lo que el cliente “jamás aceptaría”. Carga el inventario completo de imposibilidades. El recién llegado no carga nada de eso, se atreve a hacer la pregunta que todos mataron hace años: ¿y si esto se hiciera completamente al revés?

Esto no es teoría cool de consultor en innovación y hay un montón de evidencia.

Alguien decidió vender agua, el producto más aburrido del planeta. Pero en vez de paisajes serenos y promesas de pureza, como dice el manual, la metió en latas que parecen de cerveza, le puso una calavera y la lanzó gritando “mata tu sed”. Su primer comercial costó alrededor de 1,500 dólares. Hoy esa marca de agua, Liquid Death, vale cerca de 1,400 millones.

Un termo de acero, feo y pesado, diseñado en 1913 para obreros y campistas, llevaba un siglo siendo invisible. Stanley dejó de preguntarse para quién “debía” ser su producto y dejó que una comunidad de mujeres en TikTok lo reinventara como accesorio de moda. El mismo termo, otra pregunta y pasó de 73 millones de dólares en ventas a 750 millones en cuatro años.

Y si crees que esto solo aplica a marcas chiquitas con buen marketing: durante casi tres décadas, Nvidia insistió en que el futuro del cómputo estaba en los GPU, mientras toda la industria construía sobre CPU. Los mercados la castigaban por “distraerse”. Cuando llegó la ola de la inteligencia artificial, esa postura diferente la convirtió en la empresa más valiosa del mundo, 5 billones de dólares.

Tres industrias que no podrían ser más distintas: bebidas, productos de consumo, semiconductores: tener un postura diferente e ignorar la regla que todos los demás trataban como sagrada.

Esto, en Uncommon, no es choro inspirador, es la forma en que trabajamos.

En estrategia, nuestro trabajo no es darte el plan que cualquiera con los mismos datos habría hecho. Strategic Focus no es sumar prioridades, es decidir qué no vas a hacer, y muchas veces es ir hacia donde el consenso dice “ahí no va nadie”, justo porque ahí no va nadie. La estrategia real no se revela en lo que declaras, sino en dónde pones tus recursos, y casi siempre, el terreno más fértil es el que tu competencia descartó sin mirarlo dos veces.

En innovación de producto, lo mismo. La innovación que vale no le pide permiso a la categoría y al consejo de administración. No pregunta “¿qué espera el mercado?”, pregunta “¿cuál de las reglas que todos respetan podemos romper?”. Empezamos por ahí: por la regla intocable, porque debajo de la costumbre casi siempre está escondida la oportunidad.

Por eso “No somos para todos” no es marketing. Es una declaración de outlier, no estamos hechos para ser la opción segura, la que nadie cuestiona en la junta. Estamos hechos para ser la pregunta que alguien tenía que hacer.

Seguir la regla general te da el resultado general, nada más. Las oportunidades que de verdad importan, las que mueven industrias enteras, casi nunca están en el centro del consenso, están en las orillas, esperando a alguien lo suficientemente raro, o lo suficientemente libre, para verlas.

¿Cuántas de las reglas que hoy gobiernan tu industria siguen ahí porque alguien comprobó que son ciertas, y cuántas porque nadie se ha atrevido a comprobar que ya no lo son?

Sobre el autor

Bernardo Torres es consultor de innovación y estrategia en México, fundador de Uncommon.