PERSONAL
El peor año de mi vida
¿Cómo cambiarle la perspectiva a la sensación de agotamiento y ahogamiento?
Si estás teniendo tu peor año económico en mucho tiempo, quiero decirte algo: no es tu imaginación, no estás exagerando, y no eres solo tú.
Yo también, y durante meses pensé que el problema era yo. Que estaba administrando mal, vendiendo poco, perdiendo el toque. Cada vez que pago el súper pago 20-30% más que el año pasado por lo mismo. Y eso datos no aparecen en ningún reporte oficial, aparecen en mi carrito y en mi estado de cuenta, impactan mi flujo y se aparecen en mi cabeza a las 3 de la mañana.
Lo que dicen los números de los grandes:
Liverpool cerró el primer trimestre de 2026 con la utilidad 17% abajo y sus ventas en tiendas 2.5% por debajo del año anterior, y su propia dirección lo explicó igual que tú y yo lo sentimos: el consumidor anda más cauteloso. Suburbia, su cadena de menor precio, cayó todavía más, 3.1% en ventas. Alsea, la de Starbucks y Domino’s, vio su utilidad neta caer casi 61% en el mismo periodo. Misma canción: consumo retador, cliente precavido.
Cuando los gigantes que miden el pulso de la clase media reportan esto, los que somos micro y pequeños no lo reportamos, lo respiramos. Así que si sientes que estás remando contra algo más grande que tú, es porque lo estás; estamos.
Llevo doce años como microempresario, y este es sin comparación el peor momento que he vivido. No te voy a echar el choro de que ya encontré como salir y aquí están las cinco claves, porque sigo dentro del ácido. Pero doce años me dieron algo: ya viví antes la sensación de que todo se cae, y aprendí a reconocer cuál de mis reacciones ayuda y cuál solo me jode más rápido.
Y la que más me jode y pesa tiene nombre bonito: hacerlo solo, yo puedo, saldré de esta.
Piénsalo un segundo, si eres como yo, te acostumbraste a ser quien resuelve todo, quien no molesta a nadie, quien se traga el estrés y sonríe en la junta. Lo llevas haciendo años y hasta te enorgullece. Pero es una gran trampa: en algún punto confundimos el agotamiento con el compromiso. Como si sufrir a solas fuera la prueba de que te importa, no es así. Es nada más una forma cara y silenciosa de estar cansado. Entiendo perfecto por qué cargamos solos. Lo que ya no entiendo es por qué seguimos cargando solos justo cuando más pesa.
Sigo buscando ideas que me ayuden a soltar eso, porque reconocer no es sanar. Te las paso por si te sirven.
La primera es de Charlie Munger, que no hablaba desde la comodidad: se divorció en la ruina, perdió a un hijo de nueve años de leucemia, se quedó sin la vista de un ojo. Su regla sonaba dura: “la autocompasión siempre juega en tu contra, y puedes entrenarte para salir de ella”. Munger no dice que no duela, el cansancio es real, la angustia es real, tu situación es real. La autocompasión es otra cosa: es la historia en la que eres víctima, la que te deja sin manos para moverte. Se vale estar exhausto, lo que no te conviene es contártelo como víctima. Cada madrazo, hasta el injusto, todavía te deja elegir cómo respondes. Esa parte sigue siendo tuya. Muy estoico de parte de Munger.
La segunda es de Naval Ravikant, y es casi un manual para cuando estás sobrepasado: “impaciencia con las acciones, paciencia con los resultados.” Yo he estado operando al revés, esperado resultados ya, y por eso a veces paralizado para actuar. Naval dice: mientras más deseas que algo salga de cierta forma, menos ves la realidad. La desesperación te tapa los ojos, y aprietas tanto que dejas de ver la salida que sí existe. Los retornos que valen en la vida (el dinero, las relaciones, lo que aprendes) vienen del interés compuesto, y los juegos que importan se juegan a largo plazo, con otras personas. El trabajo interior es tuyo, nadie lo va a hacer por ti, pero la carga no tiene por qué serlo.
Entonces, ¿qué se puede hacer mañana, en concreto?
Nada heroico, la neta. A mí me está funcionando dejar de fingir que todo está bien cuando no lo está, empezando por decir el número real en voz alta, con las personas correctas, en vez de tragármelo cada mes. Ponerle disciplina rigurosa al flujo de caja y hacerme una pregunta todo el tiempo: ¿con quién quiero jugar los próximos diez años? Porque ya no me creo la historia de cargar yo solo los próximos 10 meses o 10 años.
No sé si con esto se sale y tampoco sé cuando saldré. Esa es la única verdad que tengo ahora. Pero por primera vez en mucho tiempo no lo estoy enfrentando en silencio, y eso ya cambió cómo se siente.
Así que si estás en las mismas, el flujo no alcanza, las ventas no llegan, el cansancio ya no distingue el lunes del domingo, quédate con dos cosas. Una: no eres solo tú, los números lo confirman y somos un chingo. Dos: no tienes que atravesarlo solo, por más años que lleves convencido de que sí.
Despues de publicar esto seguí con la reflexión, y me eché una segunda parte: «El peor año de mi vida, 2da parte (sí, sigue)», disponible en esta misma sección.
Sobre el autor
Bernardo Torres es consultor de innovación y estrategia en México, fundador de Uncommon.